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Perdón por la barbarie nazi

Monday, September 9, 2019

Wielun es una pequeña ciudad en Polonia. El 1 de septiembre de 1939 fue atacada por los alemanes al mando de Adolf Hitler. Fue atroz; tanta inhumanidad contra un poblado indefenso. Murieron cerca de mil 200 civiles y el 75% del poblado fue destruido. Hace exactamente 80 años, tanto polacos como alemanes presenciaban el inicio de la infame Segunda Guerra Mundial a las 4:40 de la madrugada, mientras el mundo dormía.

 

    Hace algunos días, durante una ceremonia realizada en el mismo Wielun, el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, pidió perdón a las víctimas por el ataque y la invasión alemana de 1939.

 

“Me inclino ante las víctimas del ataque de Wielun. Me inclino ante las víctimas polacas de la tiranía alemana. Y pido perdón”, afirmó en alemán y polaco Steinmeier, en presencia de, entre otros, su homólogo polaco Andrzej Duda.


En los primeros informes alemanes, se explica el ataque contra Wielun. En ese entonces la ciudad, de 16.000 habitantes, albergada una importante población judía, al menos el 33,39%.

 

    Se sabe que Polonia se vio duramente afectada por los horrores de la Segunda Guerra Mundial, donde perdió seis millones de ciudadanos, la mitad, judíos.

 

“Son los alemanes quienes cometieron un crimen contra la humanidad en Polonia. Quien quiera pretender que eso terminó, que el reinado del terror de los nacionalsocialistas sobre Europa es un acontecimiento marginal en la historia alemana, se juzga a sí mismo”, subrayó Steinmeier.

 

    El jefe de Estado parecía referirse a la extrema derecha alemana, cuyo copresidente Alexander Gauland estimó que los años del Tercer Reich sólo fueron un “excremento de ave” en un milenio alemán glorioso. “No olvidaremos. Queremos acordarnos y nos acordaremos”, agregó. 

 

    Por su parte, el presidente polaco, Andrzej Duda, aseguró que el fatídico ataque que inició la Segunda Guerra Mundial en Wielun fue un “acto de barbarie” y “un crimen de guerra”. 

 

    Duda también agradeció a Steinmeier su presencia en Wielun: “Estoy convencido de que esta ceremonia pasará a la historia de la amistad polaco-alemana”. Ambos países son miembros de la Unión Europea (UE) y la OTAN.

 

    El presidente polaco pronunció unas horas más tarde su principal discurso en Varsovia, delante de unos 40 dirigentes extranjeros, entre ellos el v1icepresidente estadounidense Mike Pence y la canciller alemana Angela Merkel, en el que les pidió sacar lecciones de la Segunda Guerra Mundial para sus decisiones en el presente.

 

“Durante los últimos tiempos vemos, también en Europa, el retorno de las tendencias imperialistas, intentos de modificar fronteras por la fuerza y ataques contra Estados”, aseguró Duda, sin pronunciar el nombre de Rusia, pero refiriéndose a las operaciones militares rusas en Georgia en 2008 y en Ucrania en 2014.

 

“Cerrar los ojos no es una buena solución para preservar la paz. Se trata de un buen método para alentar a personalidades agresivas, para darles vía libre a nuevos ataques”, añadió.


Tras la guerra, Wielun fue reconstruida. Hoy en día es una bella y próspera ciudad de 25 mil habitantes, con calles y parques cuidados, orgullosa de su identidad de antigua ciudad real fundado en el siglo XIII.

 

“Solo las ruinas de la iglesia parroquial del centro llevan actualmente las huellas de las explosiones de bombas, lo que muestra la amplitud de la destrucción”, afirma la vicealcaldesa Joanna Skotnicka-Fiuk.

 

TESTIGO
Zofia Burchacinska, de 91 años, es una de las sobrevivientes del ataque a Wielun y, aunque en su rostro se refleje el paso de los años, en su memoria sigue intacto el recuerdo de aquella madrugada en la que experimentó lo que era estar en el infierno. 

 

“Al alba, cuando aún estaba gris afuera, me despertó un sonido extraño, un rugido potente que nunca había oído. De pronto, el techo se fisuró y los vidrios estallaron en pedazos. Nuestras ventanas daban a la calle donde cayeron las primeras bombas, un poco más lejos, sobre el hospital”, cuenta Zofía que por ese entonces tenía apenas 11 años. 

 

    El sonido que la aterró era el de las “trompetas de Jericó”, sirenas colocadas en el tren de aterrizaje de los “bombarderos en picada”, aviones alemanes Junkers Ju 87 que tenían como único objetivo sembrar pánico en una población sin defensa. Lo lograron.

 

    Aquel día Zofia huyó con sus padres. Corrieron por la ciudad en llamas abriéndose paso por los escombros junto a decenas de personas más, entre las que estaba otro sobreviviente, Tadeusz Sierandt, que tenía ocho años en 1939. 

 

“La gente corría para todos lados, huían, algunos sin vestimentas. Vi muertos, heridos. Humo, ruido, explosiones. Todo ardía...”, recuerda Sierandt. 


Tal fue la destrucción que, cuando regresaron los que habían huido durante el ataque, la ciudad era irreconocible. “Recién regresé a Wielun tras la supuesta liberación, con la llegada del ejército rojo. No reconocí la ciudad, Mi padre tenía que llevarme de la mano para ir a la escuela. No había más mercado, no había calles”, dice Zofia.

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